27 de septiembre de 2017

Antonio Berni Alguna vez, hace ya mucho tiempo, caminó o anduvo a caballo por las calles de tierra de este pequeño lugar, llamado Roldán…

Domingo en la chacra (1945): Imagen familiar en Roldán. Versión criolla de La Última Cena.

Por Darío Ávila

De más está decir que siento una debilidad especial por la obra de Antonio Berni, especialmente el Berni de los años sesenta, aquel donde su producción alcanza mayor libertad y vuelo creativo, donde se advierte un quiebre y una ruptura, donde desde mi mirada, se constituye en uno de los referentes más importantes de la Plástica Nacional.

No hay mejor biografía para un artista que su propia obra. Y la obra de Antonio Berni siempre sobresale, sacude, conmueve, excede límites, nos involucra, habla de un sujeto creador demasiado amplio, audaz, prolífico, de múltiples y variadas facetas, gigantesco, casi inabarcable. Un observador implacable de la realidad. Un crítico de su época. Un alto maestro.

Diferentes etapas, pero siempre la misma coherencia y línea discursiva. Un itinerario artístico cargado de logros, satisfacciones y reconocimientos. Demasiadas cosas para decir en solo dos páginas.
En 1925 gracias a una beca del Jockey Club de Rosario, viaja a Europa, situación que aprovecha al máximo. Hace talleres. Entra en contacto con los artistas e intelectuales más importantes del momento. Respira y absorbe los nuevos aires que están soplando. Vive en París. La beca se prorroga un año más, después es la Provincia de Santa Fe la que colabora para que pueda quedarse hasta 1930. Regresa al país con mujer e hija francesa, Paula Cazenave y Elena Ana Margarita (Lily).

Entre 1928 y 1932, coquetea con el surrealismo. Pero el surrealismo no es lo suyo. Está más ligado a lo onírico, es un intento por escapar de la realidad, y él tiene otras preocupaciones, necesita los pies sobre la tierra para poder dar cuenta lo que está viviendo. Y Berni es un hombre decididamente político. Comienza a trabajar entonces con un “Nuevo Realismo” ligado a temas sociales. Enmarcado en la crisis de los años 30, surgen telas emblemáticas y de gran formato, como “Desocupados” y “Manifestación” (1934). Increíblemente, “Desocupados” es rechazado en el XIV Salón de Otoño de Rosario.

En 1940 gana el primer premio en Pintura del Salón Nacional. En 1941 vuelve a ser becado, esta vez por la Comisión Nacional de Cultura. En el año 1943 obtiene el Gran Premio de Honor del Salón Nacional. En 1946 pinta junto Spilimbergo, Urruchúa, Colmeiro y Castagnino los maravillosos murales de la Galería Pacífico. En 1962 forma parte del envío Argentino a la Bienal de Venecia y sorprende a todos logrando el Gran Premio Internacional de Grabado. El reconocimiento obtenido es el respaldo final que necesita, pero Antonio hace rato ha desplegado sus alas.

Su arte se expande y comienza a crecer logarítmicamente. Cuando todos desmaterializan, él le pone cuerpo y peso a sus trabajos, se sale del plano y la bidimensión. La materia adquiere importancia, lo que refuerza la problemática abordada y le imprime mayor dramatismo. Hay relación y un diálogo constante entre arte, materia y sociedad. El resultado es una obra de alto impacto. Aparecen dos personajes altamente ideológicos que el tiempo se encargará de otorgarles vida propia, Juanito Laguna y Ramona Montiel. La poética urbana.La estética de lo marginal. Lo sensible por sobre lo inteligible. Ramona es una chica de la calle, Juanito “un chico pobre”. Berni reconstruye desde una mirada atenta, la época que le toca vivir, y hace foco en los sectores más vulnerables y desprotegidos.

Hay narración en sus trabajos, renovación técnica y nuevos planteos estéticos. El grabado adquiere espesor, surge el xilocollage o xilocollagraph, que son auténticos bajorrelieves. También amplía el collage con el ensamblado, apareciendo finalmente el objeto polimatérico. Todo el tiempo podemos observar oposición entre lo tecnológico y lo primario, entre riqueza y pobreza, entre lo subjetivo y lo objetivo. En los años 60 su obra alcanza otra dimensión.

Han sido muy pocas las muestras de Berni en Rosario. Producción muy costosa. Difícil traslado. El tema del seguro. Pero las hubo y todas impresionantes. En el año 1984 en el Castagnino, fuimos testigos de una enorme retrospectiva, en la cual nuestro Pedro Giacagliadio una charla. En 1996 el Centro Cultural Parque de España trajo a “Antonio Berni, cuaderno de viajes y otras anotaciones”. Finalmente la última, gigantesca, también en el Castagnino, donde quedamos deslumbrados con su obra gráfica (grabados), especialmente con los tacos y matrices que jamás habíamos visto. Año 2000, el llamado año de Berni en Rosario.

El multifacético artista vivió en nuestra localidad desde 1914 hasta 1925 en el campo, y de 1931 y hasta 1936 en la casa de la familia Buchmnann, cuando regresa de Europa. Digamos que en dos etapas diferentes, estuvo más de 14 años, por ese motivo cuando observo sus pinturas, especialmente la de su producción más temprana, trato de encontrar restos o vestigios de ese Roldán con calles de tierra que ya no está; algún indicio, huella o señal. Una casa, una puerta, un árbol. Cuando la ventana está abierta, pongoatención al fondo, a la lejanía. En “Berni. Sus escritos y papeles privados” nos dice en un momento, que está dibujando unas casitas de Roldán cuando una chica se le acerca y le hace saber que lo que está dibujando es su casa. ¿Qué casa? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Era solo un boceto?. Difícil saber una respuesta, igual yo sigo buscando. La chica era de apellido Cañada.

Delisio Antonio Berni nació en Rosario el 14 de mayo de 1905, es el tercer hijo de un inmigrante italiano venido de Piamonte, Napoleón Berni y de una hija de inmigrantes también piamonteses: Margarita Pico. Su padre, que tenía una sastrería en la calle España 228 (Rosario), tuvo que viajar a Italia alrededor de 1915, al parecer por una herencia. Se supone que al llegar fue convocado y movilizado por la Gran Guerra, jamás se volvió a saber de él. Con lo cual Antonio pasó mucho tiempo con sus abuelos maternos: la Familia Pico. Su abuelo Victorio, uno de los primeros pobladores de la localidad, de larga barba blanca, fue como un padre para él. El resto de la historia, creo, ya todos más o menos la conocen…

Sumergirse en ese universo llamado Antonio Berni, no sólo es un placer, es una necesidad y también un enorme desafío. Una producción riquísima que admite múltiples y variadas lecturas. Para ver y rever una y otra vez. Para investigar y analizar. Para perderse. Puede no gustar, pero jamás pasar desapercibida. Berni es mucho más que un referente, es un artista excepcional, totalmente comprometido con su tiempo, que luego de una extensísima y brillante carrera, dice adiós el 13 de octubre de 1981 en la ciudad de Buenos Aires. No tuve la suerte de conocerlo, ni de hablar con él, pero me emociona pensar en el increíble legado que nos dejó y que alguna vez, hace ya mucho tiempo, caminó o anduvo a caballo por las calles de tierra de este pequeño lugar, llamado Roldán…