5 de junio de 2017

Es de hierro: una roldanense en el Iron Man, la carrera más exigente del mundo La competencia se desarrolló en Jureré, Brasil. Debió atravesar cuatro kilómetros de natación en el mar, 180 con pendiente en bicicleta y otros 42 corriendo. La aventura en primera persona.

Silvia Güemes es una apasionada docente de la Escuela Especial Nº 2056 y desde este martes se convirtió en una atleta “de hierro” cuando logró completar el Iron Man, la carrera más exigente del mundo. Lo hizo junto a su marido Fabián Berri y a su amigo Guillermo Bianchi en Jureré, Brasil. “Agradecemos a nuestros entrenadores Nana Valentini y Sebastian Perini y sobre todo a nuestras familias por aguantar tantas horas de entrenamiento y tantas ausencias”, fue lo primero que quiso resaltar Silvia en diálogo con El Roldanense.

“Los nervios previos a la carrera fueron tremendos, el miércoles me agarraron ataques de pánico, me empezó a doler la cabeza”, recordó la deportista local. A lo complicado y exigente que tiene desde el vamos, en esta oportunidad la prueba sumó otro obstáculo: la lluvia que desde el día anterior no cesaba en la zona y que también estuvo presente el día de la carrera, que comenzó cerca de las 7 con la largada en el mar.

“El recorrido era una M. El mar estaba bastante tranquilo a comparación de los días previos, pero no deja de ser mar y ninguno tenía experiencia en el ese ámbito. Se completaba la primera pata de la M. Se salía a la orilla y se volvía entrar. Había que entrar dos veces. Eso era un pro porque no te ibas tan mar adentro, pero también una contra porque tenías que lidiar con las olas dos veces”, contó Silvia.

“Cuando terminó la primera vuelta en el mar nos empezamos a amontonar y me empezaron a pegar y me entró algo de desesperación porque empecé a ver gente con gorritos de otros colores que eran los que largaban más tarde. Eso me desesperó un poco. Me relajé cuando vi que el tiempo que estaba haciendo era el que yo venía manejando. Cuando venía alguien que me quería pegar, me alejaba. En un momento me paré en el medio del mar y me emocioné, me puse a llorar porque era algo que me preocupaba mucho la etapa del agua y empecé a agradecer a toda la gente que estaba ahí”, recordó ahora con satisfacción la atleta.

Las anécdotas también fueron una constante a lo largo de las 14 horas y 32 segundos que le tomó completar todo el tramo. Aunque comenzaron antes, cuando por ejemplo cayó del techo del auto la bicicleta de Guillermo, una instancia que hoy los deportistas cuentan como una historia pero que en el momento los puso realmente mal porque corría riesgo su participación.

Aunque hay otras más lindas. Por ejemplo, antes de entrar al mar Silvia no encontraba las antiparras y otros competidores la ayudaron a buscarlas. Después del mar, no encontraba el corpiño para pedalear. En este caso no tuvo la misma suerte, de modo que luego de algunos intentos fallidos por encontrarlo y viendo que estaba perdiendo demasiado tiempo, tomó la decisión de salir sin corpiño: “Me puse la remera de ciclismo y arriba una camperita”, contó.

“Al salir del agua se hacía un recorrido hasta llegar la zona de transición. Ahí cada uno elegía si correr mojado o si se cambiaba. Ahí tomamos la bici y salimos en busca de los 180 kilómetros. Eran dos vueltas de 90. Llovía mucho. El agua en la calle significaba un riesgo. Hubo varios accidentados y gente que abandonó por hipotermia. Así que creo que aunque perdí más de 13 minutos en la transición valió la pena. Salir seca fue una ventaja. Aunque duró poco”, rememoró.

“Fueron muchas subidas en bici y eso me mató porque acá entrenamos en el llano. Las bajadas eran lo que más miedo me daba. Decidí cuidarme las piernas y no buscar velocidad. Porque no sabía si me iba a quedar resto para correr los 42 kilómetros de pedestrismo. Paré en cada puesto para hidratarme y comer bien. Al bajar de la bici decidí cambiarme otra vez. Estaba helada. Ahí empezó la última parte”, siguió su relato Silvia.

A muchos puede parecerle que la última parte es la más difícil y quizás lo sea, pero la corredora local estaba más preocupada por las dos anteriores: en el mar por lo desafiante, y la bicicleta porque significa contar con otro elemento que puede romperse y dejarte fuera de carrera. “Cuando atravesé eso, sabía que aunque sea gateando, lo iba a terminar”, pensó.

Pero lejos estuvo de eso: los últimos cuatro kilómetros fueron los más rápidos de toda la carrera. “Al terminar las dos primeras vueltas me empezaron a doler los pies. Yo corría sin medias y tenía las zapatillas mojadas. Así que decidí parar y cambiármelas. Ahí le metí los últimos 10 o 12 kilómetros. Los corrí muy bien, ya sin caminar más, porque sabía que llegaba entera y mi familia me estaba esperando. En el recorrido de bici lo vi a Fabián pero a Guille no. Estaba intranquila porque el día antes su bici se había caído del techo del auto y se había roto, y aunque el servicio técnico la había reparado me sentía mal por eso. Pero al final lo vi en mi primera vuelta de pedestrismo. Me volvió el alma al cuerpo. Los tres la íbamos a terminar. Y fue así: los tres empezamos y terminamos esta locura”, concluyó la atleta.

Sobre el Iron Man

El Iron Man es una prueba que se corrió por primera vez en Hawaii, sumando tres carreras que habitualmente se hacían por separado: 3,8 kilómetros de natación, 180 de bicicleta y otros 42,2 de pedestrismo.

Se realiza en distintos lugares del mundo. Y en Argentina se hará por primera vez el 3 de diciembre de este año en Mar del Plata.