Deportes

Es roldanense, cambió las raquetas por la medicina deportiva y hoy hace su camino en el fútbol chileno

Ignacio Mártire es kinesiólogo y trabaja en Unión La Calera, un equipo que viene dando que hablar. Después de jugar al tenis desde chico, hoy vive del otro lado de la Cordillera y cuenta cómo dio ese paso.

Por: Nicolás Galliari

Sale a la cancha y mira a los cuatro costados. Queda obnubilado por la mole de cemento que se alza a su alrededor y se guarda unos instantes para contemplarlo y guardar el momento en su memoria. Ignacio Mártire está en el Maracaná, un lugar que no pierde su magia aún estando vacío por el contexto actual. Ya había podido visitarlo en 2020 y las sensaciones habían sido las mismas. Pese a que le gustaría volver para tener la experiencia de verlo repleto, dice que “es un estadio increíble, enorme e imponente”. Lo visitó como kinesiólogo del equipo Unión La Calera de Chile, el club donde trabaja. “Son objetivos que voy cumpliendo”, describe a El Roldanense.

El actual es su tercer año en el club trasandino, después de comenzar su experiencia en Guillermo Brown de Puerto Madryn. Desde allí, cruzó la cordillera para iniciar una nueva experiencia. Adaptado a su modo de vida, reside en una ciudad que le recuerda a la que lo vio crecer. “Vivo en Concón, que queda en la región de Valparaíso. Es un lugar muy lindo, tiene playa, mar, y lo que más me gustó es su tranquilidad, porque durante el año no hay mucha gente. Solamente durante el verano se llena, es más o menos del tamaño de Roldán. No hay inseguridad y es muy agradable para vivir”, cuenta.

Durante los últimos tiempos, Unión La Calera dio que hablar en el continente y, actualmente, se encuentra disputando la Copa Libertadores. En la última semana, visitó Brasil para jugar ante el poderoso Flamengo. “Desde hace unos años el club viene creciendo mucho, tanto desde lo deportivo como en lo extra deportivo. Estos últimos tres años fueron muy buenos”, expresa Nacho. Hace dos años que Unión viene teniendo buenos desempeños internacionales y, el año pasado, fue el subcampeón chileno. “La clave en lo deportivo es que se viene manteniendo un determinado estilo de fútbol que nos ha dado resultados”, narra.

Dentro del plantel, cuenta con tres compatriotas. Uno de ellos es Santiago García, exRosario Central. También juegan allí Alexis Martin Arias y Gonzalo Castellani. Además, el entrenador Luca Marcogiuseppe también nació en estos lares y fue ayudante de Marcelo Bielsa. Mártire, el otro argentino del equipo, llegó allí tras seis meses en Puerto Madryn. “Me llamó el jefe del área de alto rendimiento de Unión. Le habían recomendado mi nombre para que me haga cargo del área de rehabilitación, readaptación y reintegro de los jugadores. Luego de algunas reuniones en las que compartimos la metodología de trabajo, decidieron contar conmigo”, explica.

Apasionado por el deporte, este roldanense ha estado en las canchas desde chiquito, aunque se adentró en el fútbol hace relativamente poco tiempo. Jugó al tenis desde muy joven y visitó diferentes latitudes. “Había tenido la suerte de viajar mucho y estar en el alto rendimiento del tenis. Me ayudó a comprender los requerimientos de eso. Gracias al tenis pude conocer muchos lugares y fue un momento muy lindo de mi vida”. Por entonces, tuvo la oportunidad de enfrentar a profesionales que son parte del circuito internacional, como los argentinos Federico Delbonis, Guido Pella y Diego Schwartzman, o los extranjeros Tennys Sandgren, Milos Raonic y Gregor Dimitrov.

Tras la culminación de aquella etapa en el ambiente tenístico, siguió ligado a lo que siente propio. Estudió kinesiología y optó por volcarse a la rama deportiva. “Comencé a especializarme en eso y hasta el día de hoy constantemente sigo formándome en esa área. Es complejo, tiene muchísimas cosas lindas pero otras que cuestan, como estar lejos de tus afectos, no tener días de descanso y viajar mucho. Pero considero que la experiencia es muy buena, estoy muy contento de lo logrado y pienso en seguir superándome, con humildad, sabiendo que siempre estamos aprendiendo”, se entusiasma.

Desde un comienzo, no tenía claro que se volcaría al fútbol, pero las oportunidades fueron llegando y no podía desaprovecharlas. “El tenis me dejó la pasión por el deporte. Ambos deportes son muy distintos, claramente, desde que uno es individual y el otro el colectivo eso ya cambia mucho. Su ambiente, sus códigos… Hay que adaptarse constantemente al momento y al contexto”, espeta. En sintonía, cuenta que en Chile se encontró con un fútbol parejo, con rivales muy competitivos y una liga que se fue enriqueciendo con la llegada de jugadores de experiencia internacional.

Su trabajo le ha permitido hacer buenas migas con personalidades del deporte, así como con jugadores que antes veía por televisión o tienen una carrera probada en Europa. “Como kinesiólogo, uno genera una gran cercanía con el jugador porque sí o sí tenés que hacer un buen vínculo terapéutico para que haya confianza mutua y el tratamiento resulte. Eso implica ser muy cercano, abordar no solo la parte a rehabilitar sino todo como forma íntegra”, amplía, mientras se ilusiona con que este período de su vida pueda servir para un crecimiento futuro.

Ya asentado en Chile, dice que aún no pudo salir de turismo ni a recorrer lugares. En principio, el constante trabajo fue un obstáculo, ya que en los viajes con la delegación debe quedarse en el hotel. Luego, la pandemia puso un freno. “Estuvimos 15 meses sin ver a nuestra familia, lejos de todo. Pasamos por momentos similares a Argentina, con aislamiento total. Después fuimos volviendo a la actividad normal y este año hubo repunte de casos”, manifiesta, al tiempo que cuenta que hay dos permisos para salir entre semana y se puede hacer actividad física entre 6 y 8 de la mañana.

Hoy vive con su pareja Vicky, quien lo acompañó en su aventura y “es un pilar fundamental en mi vida”. Ella tiene un trabajo a distancia y otro presencial; “es apasionada por los niños y muchas familias de jugadores la llamaron para trabajar con sus hijos”. “Tengo la suerte de que también mi familia me acompaña mucho a la distancia, están siempre apoyándome al igual que mis amigos”, amplía Nacho, quien admite sentirse muy cómodo en su actual trabajo.

Mientras Unión hace su camino y se permite seguir creciendo alejado de los flashes, Nacho se permite dibujar una línea imaginaria. “Deseo que sigamos evolucionando en todas las áreas como hasta ahora, que mantengamos una alta disponibilidad de los jugadores, fomentando la prevención de lesiones y recuperando los jugadores a un nivel mejor de lo que estaban previo a su lesión”. Pero no se queda ahí: “Ojalá en un futuro tenga alguna oportunidad en un club de primera división argentina o algún grande de América o Europa, donde el desarrollo del área de rehabilitación y readaptación tenga grandes recursos”. Nacho cambió de deporte y las pasiones se mezclaron, pero el camino es el mismo que empezó hace mucho tiempo.