14 de julio de 2015

Canadá se prepara para recibir a Juan Herrera, el Torito roldanense Es una de las figuras del seleccionado argentino de quad rugby que participará de los Juegos Parapanamericanos Toronto 2015. La trayectoria de un atleta de elite que busca "mostrar que se puede".

Juan Herrera es un muchacho roldanense que nació con las cuatro extremidades amputadas. Pero su discapacidad nunca se convirtiró un obstáculo para perseguir sus sueños y “mostrar que siempre se puede”. De hecho, con apenas 22 años ya ha logrado más de lo que muchas personas proyectan para su vida entera. Y dentro de muy poco, a principios de agosto, su inspiradora historia sumará un nuevo capítulo: participará de los Juegos Panamericanos que se desarrollarán en la canadiense ciudad de Toronto.

El joven deportista es una de las estrellas el seleccionado argentino de quad rugby, que en criollo viene a significar rugby en silla de ruedas. Se trata de una disciplina en la que ya cuenta con significativas experiencias: el año pasado formó parte y fue goleador del equipo nacional que ganó un campeonato Sudamericano disputado en Chile. También estuvo en otros importantes torneos de su especialidad en Bogotá, Colombia, y en Alabama, Estados Unidos.

“Estamos representando al país y eso es siempre un orgullo. Cuando cantamos el himno es una emoción que no se puede explicar. Te lleva a dar todo por la celeste y blanca: en un partido te podés caer todo el tiempo y sufrir cortes, pero no te importa, por lo menos en el momento no te das cuenta”, apunta Juan en diálogo con El Roldanense sobre las sensaciones que le genera vestir los colores patrios y anticipándose a lo que volverá a vivir en los próximos días.

Hoy el atleta local se considera “fanatizado” por el quad rugby. Prueba de ello, por ejemplo, es que en el último tiempo había ahorrado dinero para comprarse algo en Canadá pero finalmente decidió invertirlo en su entrenamiento. “Terminé comprando una máquina de gimnasio para poder hacer dos o tres turnos por día. La tengo instalada en mi habitación, así puedo usarla estando solo en mi casa”, explica. Su preparación se completa con prácticas periódicas en Buenos Aires.

“Siempre intento destacarme. Si tengo que entrenar un poquito más por mi cuenta lo hago porque sé que el sacrificio tiene resultados. Y me gusta demostrar que se puede, que siempre se puede”. Tales palabras de Juan demuestran que esa actitud de superación es, en definitiva, una postura frente a la vida. Semejante ímpetu no sólo lo llevó a enormes logros, sino que además le supo valer su actual apodo: adversarios que se sorprendieron con su juego lo bautizaron como Torito.

Juan Herrera sostiene que “el quad rugby rugby es un deporte apasionante, de mucho impacto”. Y explica: “Se juega cuatro contra cuatro, en cancha de básquet. Son cuatro tiempos de ocho minutos cada uno, pero un partido puede llegar a durar dos horas porque cada vez que la pelota sale afuera se para el reloj. Y el gol es más o menos como el try del rugby: hay dos conos al final de la cancha que cuando los cruzás vale un punto”.

Su experiencia en natación

Antes de incursionar en el quad rugby, Juan supo darle forma a una importante trayectoria en natación. Participó de relevantes competencias nacionales e internacionales, colgándose una gran cantidad de medallas a lo largo de ese recorrido.

El deportista local suele recordar los esfuerzos que le demandó adaptarse a aquella disciplina: “Viví un año en el Cenard (Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo), en Buenos Aires, y todo ese año me dediqué aprender la técnica, que es muy importante porque te pueden descalificar si remás mal o das mal la vuelta americana”. En tanto, los entrenamientos en Roldán los llevaba a cabo en la escuela Nadando, donde llegaba a practicar “a las cinco de la mañana con hasta ocho grados bajo cero” con el acompañamiento de su querido profe Cristian Marcomini.

Finalmente, Juan dejó la natación debido a su propio espíritu competitivo. “En la clasificación para los Panamericanos de Guadalajara 2011 metí dos marcas internacionales muy buenas. Pero no había plazas: éramos treinta nadadores y privilegiaron el derecho de piso de los que tenían más años de experiencia. Aunque lo entendí, la verdad es que eso me fastidió. Y mientras miraba los Juegos desde mi casa, me contaron del quad rugby”, recuerda.