Quién es el roldanense que saltó a la fama con Los Nocheros: de una ligazón perpetua con la música a cumplir un sueño
Adrián Guaracio fue viral cuando el grupo folclórico lo invitó a subir al escenario a cantar. Escuchaba música en viajes interminables por el país y comparte la pasión en casa con sus hijos y su esposa, quien superó un cáncer en 2024. “Hoy vivimos todo intensamente”, dijo.
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Viajaban en auto hacia Córdoba cuando su esposa presionó el botón de compra en el celular. Ya tenían en su poder los tickets para ver a Los Nocheros desde la segunda fila del Anfiteatro rosarino, iban a disfrutar el show de cerca, y a ella se le ocurrió una idea que fue fue la génesis de un gran anhelo. “Voy a hacer un cartelito para que te dejen pasar a cantar y cumplir tu sueño”, dijo Virginia. “¿Cantar con ellos?”, le retrucó incrédulo Adrián. “En ese instante, ella decretó que todo iba a ser así. Y pasó tal cual”, contó él, luego de convertirse en viral.
El video que lo retrata cantando junto al grupo que siempre le gustó se paseó varios días por las redes, al tiempo que Adrián fue tapa de diario e hizo varias notas con canales no solo locales, sino también nacionales. Había cumplido su sueño, bajó del escenario y se fundió en un abrazo largo con su pareja, que lo esperaba “llorando a mares”. Sin embargo, el momento que acababa de disfrutar fue un mojón más de su vínculo perpetuo con la música. Como si esta fuese una extensión más de su cuerpo, producto de una relación de años.
“Siempre lo hice de hobby, de prestado, a la gente que me invita le gusta y a mí me encanta. Dos más dos son cuatro, es fácil. No voy por plata ni nada, solo por placer y porque me gusta”, contó Adrián en diálogo con El Roldanense, unos días después de que la viralización de su video rompiera con cualquier límite imaginado. Nacido en Fisherton, se mudó a Funes cuando tenía 17 y fue en ese entonces que conoció a Vicky, quien era profesora de guitarra e hizo aún más profunda su conexión con la música. Juntos exploraron todos los géneros, pero el folclore los cautivó.
Uno de sus primeros oficios fue el de viajante. Trasladaba ropa de cuero y, en los trayectos, escuchaba muchísima música. Así fue afinando su oído. “En ese entonces no había celulares, Youtube, Spotify ni nada, a la música te la comprabas en un cassette o los compact que salieron más adelante. También grabábamos de la radio”, rememoró. Tiempo después fue chofer de larga y corta distancia para la empresa Monticas. “Cantaba arriba del colectivo, a mis pasajeros les encantaba. Me conocían porque los llevaba y traía todos los días”, contó y lanzó la carcajada.
Entonces, allá por los años 2006 y 2007, podía llevar consigo un pequeño dispositivo casero hecho de dos parlantes y un estéreo. “Siempre que viajé, siempre, escuché música. Sé muchas canciones de folclore, otras de tango y rock nacional. Particularmente, me encanta toda la música”, narró. Esa afinidad hizo que también se la trasladara a sus hijos, Matías y Luana. Así como él compartió algunos shows con su padre, ella fue a clases de chica y canta temas internacionales. “Tiene un registro altísimo de voz, es una enana terrible”, comentó.
Adrián siguió buceando por la línea histórica y recordó un momento clave. “En el fin de año de 1999 nos fuimos por primera vez de vacaciones juntos con Vicky, a Brasil. Una noche, con ella, su hermana y mi concuñado, le metimos una movida a la peatonal de Camboriú y juntamos más de 300 personas”. Muchos de ellos eran turistas argentinos que les pedían canciones de Los Nocheros y les dejaban plata en el estuche y dentro de la guitarra. “Ese día me lo llevo en el bolsito de las cosas lindas, fue igual al momento del domingo pasado”, valoró.
Cuando Monticas cambió de firma, hubo una reducción de personal y él fue uno de los damnificados. De todos modos, con el dinero de la indemnización compró un camión grande y empezó a viajar a San Luis, San Juan, Buenos Aires y otras provincias. Luego se hizo de un camión de reparto y cambió el trabajo. “Dejé de viajar largo para estar un poco más acá. Eso me conectó mucho más con la vida social de una persona normal que todos los días llega a dormir a su casa. De camionero era un paria solitario. Hoy son las cuatro de la tarde y ya llegué”, señaló.
Ahora, disfruta de estar en su casa de Tierra de Sueños 3 a media tarde y sentarse a charlar con su esposa, compartir unos mates o tratar de sacar un tema nuevo. Fue hace nueve años que se mudó a Roldán, luego de vivir en diferentes casas. “En 2011 junté la plata y me compré una casita en Funes. Fue unos meses antes de que falleciera mi papá, que seguramente desde arriba me habrá visto”, contó emocionado. “También compré dos lotes en TDS, cuando el barrio era una promesa”, recordó. Vendió uno y, en el otro, edificó su vivienda actual.
“Siempre llevamos la música a todos lados, está donde estemos nosotros. El micrófono está a la orden del día, es casa de cantores”, esgrimió Adrián, quien también recordó los primeros años compartidos con Vicky: “Le metíamos música en todos lados, sean reuniones, cumpleaños, festejos. Siempre que estábamos en familia sacábamos la guitarra y nos poníamos a cantar”, expresó. Hoy en día, en casa tiene cuatro parlantes acústicos, una consola, una mezcladora y micrófonos, y en cada fiesta el karaoke sale a la cancha.
No obstante, el protagonista de la historia hizo una pausa en su relato. “El año pasado fue uno de los que menos usamos esos equipos, ya que fue atípico y muy duro para nosotros. Vicky enfermó de cáncer de mama a fines de 2023”, dijo. La enfermedad había hecho metástasis en el hígado y una vértebra de la columna. “Lo agarraron a tiempo, ella fue atendida por una doctora que es una eminencia en el Centenario, y entró en un protocolo. Gracias a Dios y a la medicación que recibió en las ocho quimioterapias que tenía cada 21 días, lo pasó”, profundizó.
Virginia es actualmente una paciente crónica de cáncer. Toma una medicación de por vida y se inyecta otra en la pierna cada 21 días. “Nos maltrató muchísimo el 2024, pasamos todo el año así. Fue durísimo, con cosas atroces”, afirmó Adrián. “Recuerdo ir a las quimioterapias con cascos de gel para que no se quedara pelada, algo que no ocurrió. Vicky es runner desde hace siete años y tiene un gran estado atlético, creo que se salvó por eso y porque lo detectamos a tiempo. Hoy en día vivimos intensamente”, pronunció.
Esa idea de vivir con vigor, “sin saber cuánto más hay por delante”, es la que lo lleva a disfrutar de otra de sus pasiones, las motos, y lo hizo ir por todo en el show de Los Nocheros. “Esta vez me la jugué, me salieron bastante saladitas las entradas, pero todo valió la pena y me lo voy a llevar para siempre”, rescató. “Después, todo lo otro es decorado, la viralización y las notas en casa. Estuvo bárbaro pero no me mareo, tengo 50 años y sería desconsiderado si dijera que no me emociona, aunque lo lindo fue cuando ellos me dijeron que sí”, justificó.
“Mostré el cartel tres veces, creo que ellos siempre estaban encandilados. En una creo que me vio Rubén y me hizo una guiñadita de ojo. Nos miramos con Vicky y dije ‘me vio’, ella me contestó ‘¡te vio!’, pero fue a mitad del recital”, contó, todavía conmocionado. El show pasó, el grupo comenzó a despedirse y anunció la última canción. “Pensé ‘listo, ya fue, perdí’. No importaba, yo estaba chocho de estar ahí, pero había perdido esa gotita de ilusión. Le comentaba eso a Vicky, ella me animó y me preguntó si igual lo había disfrutado”, sentenció.
Antes de que la banda tocara el último tema, llegó el momento que había ido a buscar. “Escucho que Rubén hace un silencio y dice ‘me voy a tomar un atrevimiento’. Lo miré automáticamente, fue como cuando sabes que algo es para vos”, manifestó. “Dijo ‘¿dónde estás? Vos, ¿no querías pasar a cantar?’. Levanté la mano. Me preguntó si sabía ‘La Chacarera del Rancho’, le grité que sí y, cuando me dijo vení, no me daban las patas para ir”, aseguró. Subió al escenario, recibió una botellita de agua y el micrófono, saludó a los integrantes y se dispuso a cantar.
Bajó enloquecido, se abrazó con Vicky y, juntos, cantaron con lágrimas en los ojos la última canción, ‘Vuela una lágrima’. “Se despidieron y toda la gente que tenía alrededor se acercó a felicitarme, a pedirme el teléfono o el Instagram. Los Nocheros me etiquetaron en una historia y sucedieron cosas totalmente impensadas”, señaló. No había tenido tiempo de agradecer a sus ídolos, algo que sí hizo por Instagram. “No tenían el porqué ni la obligación y lo hicieron igual. Canté todo y, en algunos momentos, sentí conectar con algunos de ellos”, sostuvo.
Su ligazón con la música no tiene fecha de vencimiento y, después de tamaña experiencia, se hizo aún más grande. “Obviamente me gustaría armar una banda, pero implica tiempo que por ahí no tenes. Tiene que haber gente que quiera lo mismo que vos y deben coincidir muchas cosas, pero me encantaría y sería el hombre más feliz del mundo”, expresó. Una semana y media después, aún no sabe qué de su personalidad atrajo a Los Nocheros para invitarlo a cantar. “La cosa es que me llamaron y yo cumplí mi sueño”.