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Hace kung fu y hasta vendió empanadas para representar al país: la joven roldanense que se subió al podio en Chile

Gianna Ragusa comenzó a entrenar hace casi cinco años. A los 15, participó en un torneo internacional, se trajo una medalla de segundo puesto y quiere ir por más en su carrera deportiva.

Tenía poco más de 10 años cuando quedó obnubilada por lo que hacía su prima. Desde ese momento, la joven roldanense Gianna Ragusa supo que quería empezar a hacer kung fu. Comenzó a entrenar y cosechó sus primeros logros, mientras continúa cursando sus estudios secundarios en el Instituto Paul Harris. Cinco años después de aquel día, fue elegida para representar al país en un certamen internacional y logró subirse al podio. Tamaño logro es un mojón más en su historia, una que conoce de superación personal de la mano de su madre Pamela.

“Fue algo muy complicado, con obstáculos, pero nunca dejé de intentar y seguí adelante para llegar hasta acá”, contó Gianna a El Roldanense, días después de regresar al país junto a la delegación nacional. Su entrenador en la academia rosarina Banryu, a la cual pertenece, la seleccionó entre 40 alumnos para participar de un certamen en Pichilemu, Chile, y desde allí se trajo una medalla de segundo puesto. “Me dio mucha felicidad y nervios porque no sabía el nivel, y también porque viajaba sola. Fue una hermosa experiencia y lo volvería a hacer”, destacó.

A la par de la competición, alentó a sus compañeros de equipo, con los que convivió una semana del otro lado de la Cordillera. “Nos llevamos muy bien entre todos y lo disfrutamos. La gente nos recibió muy bien”, describió la deportista local. Y, si bien se trajo una presea tras un notable desempeño, expresó que lo más importante fue haber llevado los colores argentinos. “Más allá del resultado, tener la oportunidad de viajar y competir fue algo único y conmovedor. No es la primera vez, fuimos a torneos en Santa Fe y al Mundial en Buenos Aires, en el cual salí tercera”, recordó.

De todos modos, el camino a Chile estuvo plagado de obstáculos que pudieron superar, en la búsqueda de fondos para financiar el traslado y la estadía. “Viajar fue difícil, hasta el último día estuvimos tratando de juntar la plata para que pueda competir. Hicimos ventas de empanadas y una peña, eso nos ayudó mucho al igual que toda la buena gente que nos rodea”, señaló. “Pero, realmente, sin mi mamá nada de esto hubiera sido posible. Voy a seguir mejorando y dando todo de mí para poder competir en más torneos y jamás rendirme”, aseguró.