El primer restó-bar pet lover de Roldán: un proyecto familiar que abraza la cocina de campo y el amor por las mascotas
Tras un pequeño parate, Berna abrió su renovado espacio en Tierra de Sueños 2 y ofrece una experiencia basada en la gastronomía, el encuentro con amigos y la posibilidad de acudir con animales.
La foto tomada el día de la apertura retrata a la perfección la identidad de Berna. Allí se ve a la familia que ideó el restó-bar ubicado en barrio Tierra de Sueños 2 y, en primer plano, está su mascota, Alika, un boyero de Berna que le dio nombre al local y es su inspiración diaria. Tras una mudanza y luego de limar los últimos detalles, el espacio cortó cintas de su nuevo espacio, un lugar en el que se puede comenzar y terminar el día con una variada propuesta gastronómica, y que se identifica a sí mismo como el único bar pet-lover de Roldán.
“Alika es la integrante de la familia de cuatro patas y es la cara de nuestro logo. No estamos seguros de que seamos el único bar pet friendly, aunque creemos que sí. No solo recibimos a las mascotas como hacen muchos lugares por moda, sino que realmente somos amantes de los animales. Lo demostramos con nuestra identidad”, contó Rocío, una de las dueñas del negocio, en charla con El Roldanense. “La recepción de los vecinos es realmente muy buena. Amamos la gastronomía y a nuestra perra, y es mucha la gente que viene con sus mascotas”, describió.
La iniciativa de abrir el restó surgió hace años, pero se cristalizó con una mirada innovadora hace poco tiempo. “Este espacio nace como parte de un proyecto familiar, con raíces en una historia que viene de años, pero con una mirada nueva. La iniciativa surge de las ganas de crear un lugar propio donde podamos compartir lo que nos gusta: la cocina, el encuentro y la calidez”, señaló. “Apostamos a este lugar porque creemos en los espacios auténticos, hechos con dedicación, donde la gente no solo venga a comer, sino a pasarla bien”, afirmó.
Berna es, según explicó ella, más que una cafetería. “Es un ritual de todos los días. Arranca a la mañana, con ese primer café que te despierta de verdad, algo rico y un ratito para vos. Sin apuro, con buena onda, como tiene que ser”, pronunció. “Y a la noche cambia el mood, pero el ritual sigue: vermú, cerveza artesanal, charlas largas, risas y ese clima relajado que te hace quedarte un rato más. Berna es eso, algo que se adapta a tu día, desde la primera taza hasta el último brindis”, explicó la entrevistada desde su lugar de trabajo.
“Nos dedicamos a la cocina de campo. Tenemos empanadas fuera de las cartas normales, como por ejemplo de molleja, osobuco y más. También, el carlito Berna, que es con crema de rúcula, o una bondiola desmechada, entre otros platos”, expresó. Además, hay pizzas, sándwiches, cerveza artesanal, vermut, y cada jueves se realiza un show musical diferente en las instalaciones del bar. “Las mañanas son más del cafecito, tortas, strudel de manzana especiada, cookies, scones con mermeladas caseras, y otras opciones”, añadió.
Así como apretaron el botón de pausa a fines del año pasado, esta vez volvieron a abrir sus puertas en un espacio más amplio y renovado. Tal como habían hecho en la primera etapa, volvieron a convocar a los vecinos, que acudieron en masa a degustar una propuesta que les resultaba conocida. Y mientras tanto, el proyecto crece. “Personalmente, es un orgullo para mí trabajar en familia y estar todos juntos. Es un gran valor acompañarnos mutuamente. La vida que le damos a Berna es familiar, de amigos, de compartir momentos únicos”, aseguró Rocío.


