Eran otros tiempos, era otra la historia: el roldanense apasionado por el fútbol que estuvo cerca de jugar en primera
A sus 47 años, Norberto “Cudo” Salazar patea la pelota con la misma emoción y el mismo talento del primer día. Sin embargo, hubo un tiempo en que estuvo cerca de saltar a los primeros planos.
“Vos no sabes cómo le pega a la pelota”. “Juega parado, recibe y tac para allá, tac para el otro lado”. Las versiones se replican por lo bajo. Hay historias de pueblo que permanecen escondidas, como si fuese necesario que alguien soplara páginas gastadas para desempolvarlas y traerlas a la actualidad. Una de ellas es la de Norberto Salazar, alias Beto y también conocido como Cudo. De 47 años, juega al fútbol amateur y aún despunta el vicio en torneos regionales, aunque hubo un tiempo en que se probó en Newell’s y estuvo cerca de los primeros planos.
Llegó al club rosarino luego de hacer casi todas las infantiles en San Lorenzo de Roldán. Jugó durante mucho tiempo en las divisiones juveniles y fue dirigido un par de años por Claudio Vivas, histórico formador y ex ayudante de Marcelo Bielsa. Compartió plantel y entrenamientos con viejos conocidos como Diego Mateo, Raúl Damiani, Diego Crosa, Mario Turdó y Luciano Palos, jugadores que llegaron a primera división. Por entonces era delantero, aunque luego los entrenadores rojinegros comenzaron a ponerlo como defensor.
El camino hacia el primer equipo, no obstante, se torció más temprano que tarde. Beto asegura que le encanta compartir su historia, y admite que muchas veces soñó con ser reconocido. “Según la gente que me rodea, yo podría haber jugado en primera. Pero bueno, me equivoqué y así es la vida”, relató al comenzar la charla con El Roldanense. “Por falta de compromiso me dejaron libre. Se me hizo complicado seguir jugando en otros clubes por la economía que teníamos en la familia, no podía costear los viajes a Rosario casi todos los días”, recordó.
Así comenzó un rally por diferentes equipos de la zona, luego de haber probado suerte en clubes de renombre como Boca, Platense y Huracán. “En algunos no alcanzaba el nivel que yo tenía y en otros tuve mala suerte con temas de papeles o surgieron cosas del destino”, señaló, antes de contar una anécdota que marcó su trayectoria. “Quedé en un club con un representante que falleció cuando me tenía que presentar a la pretemporada; los que quedaron en su lugar nunca se contactaron conmigo y ahí perdí una de las últimas posibilidades”, esgrimió.
“Comencé a jugar en ligas del interior como la que se jugaba en Roldán, y de ahí a la Cañadense para Atlético San Jerónimo, o la Casildense en Atlético Pujato. Hasta que dejé de jugar a nivel profesional y empecé a hacerlo con amigos en torneos amateur”, narró, con un dejo de nostalgia que se evidencia a simple vista. Compartió equipo con sus hermanos Brando y Fernando en El Cervecero, y con amigos en Deportivo Carli. “Ahora estoy gastando mis últimos cartuchos. Eso es lo lindo, ganar campeonatos con ellos”, expresó.
Pasó su vida dentro de una cancha de fútbol, aunque también fuera. Hace tiempo que integra el fútbol femenino de Sportsman, donde es profe de una categoría juvenil y acaba de asumir como DT de la primera. “Siempre estuve acompañado por la familia. Sin ellos uno no logra sus objetivos, así que no puedo dejar de nombrar a mis tres amores, mi mujer Natalia y mis orgullos Ana y Lucas. Así es mí pequeña historia, me dejó muchos amigos y seres muy queridos que fui conociendo con este deporte que al final termina siendo mi vida”, profundizó.
A la hora de mirar en retrospectiva, Beto analiza el pasado con la incógnita de saber qué hubiera pasado si se daban ciertas cosas. “No te voy a mentir, contento no estoy. Tomé decisiones erróneas que un adolescente que tenía la compañía necesaria tal vez no notaba”, aseguró. “En ese tiempo mí familia no estaba muy presente, mi vieja laburaba para que no nos falte lo básico y mí papá nunca estuvo. Gracias a Dios, ese rol lo ocupó mi tío José junto a mi abuela, ellos siempre intentaron darme todo”, puntualizó.
“A veces uno se equivoca y se cree vivo, y ahora me arrepiento. Capaz son excusas que busco para no decir la verdad, que el único que falló acá fui yo por mi nivel y mis malas decisiones”, diagnosticó. “Tuve mala suerte, o mi nivel no alcanzó para poder cumplir ese sueño, pero el destino es así y por suerte ahora puedo seguir ligado a este deporte que es mi vida entera. Desde los cuatro años que inicié hasta hoy que soy profe y jugador amateur, sigo ligado a este deporte que amo”, manifestó Cudo, quien aún juega con el talento de los que saben.
Antes de seguir pateando, remarcó cuál es el único horizonte que persigue con obstinación: “Mi sueño es que mis hijos puedan tener todo para lograr sus metas y así poder ser feliz”. La pelota, a lo largo de su vida, fue su fiel ladera. “Siempre lo disfruté de la misma manera, como una pasión. En la etapa de infantiles y juveniles lo pensaba como una forma de ayudar a mi familia económicamente, como es el sueño de todos los que hacen deporte, ser famosos y salvar a sus seres queridos”, subrayó. Eran otros tiempos, era otra la historia.

