Abordaje sobre el caso de San Cristóbal: Reconstruir con la ternura
La Licenciada en Psicología local, Noelia Coria Moya, aborda el caso del joven que, tras sufrir bullying, ingresó con un arma en un colegio de San Cristóbal y disparó matando a un compañero e hiriendo a otros.
Por: Noelia Coria Moya (*)
Un pibe de 15 años entra a la escuela con un arma, decidido a terminar con su padecer. Es que no hay que ser adivino para ver todo el odio que le tiraron encima compañerxs de su escuela. Enseguida circuló un video de días atrás donde lo filmaban, mientras recibía patadas y el sólo escondía su cabeza entre los brazos sentado en el banco del aula.
Cuán quebrados los corazones de estos muchachitos, para agarrarse del odio como forma de validación de ellos mismos. Es que cuando se les festeja la catarata de maltratos, ahí, justo ahí sienten que Son, que valen, que son populares y pueden conseguir el éxito. Entonces es difícil parar. Mientras tanto, los adultos siempre llegamos tarde.
Mientras tanto pibes y pibas víctimas de estas situaciones, BULLYING, aguantan a la par que su salud mental se viene a pique. Algunos, algunas con depresión, autolesiones, aislamiento, trastornos en la alimentación, ansiedad y la lista de síntomas es larga.
Pero otras veces, de tanto aguantar se “hace pasaje al acto”, cuando el joven está desbordado por la angustia, se desconecta de la realidad y aparece una acción impulsiva y violenta. Terminar con la vida de quienes lo hostigaban tanto o en otras situaciones terminar en suicidio. Como Fernanda en el Chaco, que con 18 años decide terminar con su vida, luego de haber soportado hasta los golpes de nueve compañeros de su escuela.
¿Qué pasó con los sueños de querer llegar a la luna? ¿Y los de ser bomberos para salvar el mundo? Uno de los favoritos era el de ser presidente, porque así se podía regalar casas y comida a todos. ¿Será que se empezaron a derrumbrar los toboganes y los niños y niñas ya no deslizan ahí sus sueños? ¿O dejamos de salir descalzos por el barro, para jugar a las carreras de barquitos de papel cuando la lluvia paraba?. A lo mejor dejamos de deshojar los pétalos de una flor como si fuera el oráculo más preciso de nuestro destino. También dejamos de sentir el aroma tibio de la masa para hacer nuestro pan.
Seguramente Ian ya desplegó sus alas y ojalá esté atajando la pelota por los barrios del cielo.
Estas palabras intentan humilde y desesperadamente que recuperemos parte de esa humanidad que somos, que volvamos a sostenernos en una mirada, que la caricia aunque sea tímida aparezca, y que el beso antes de dormir de estos pibes y pibas por favor no les falte.
Emparchemos, remendemos, reconstruyamos, sostengamos con ternura, que hay monstruos que llegaron con su odio a liquidar. Pero levantar un frente siempre es posible.
Que nuestros pibes y pibas habiten un mundo más amable y amoroso, de eso sí somos responsables.
(*) Licenciada en pscicología. Mat. 5289